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3 de noviembre de 1801: nace Vincenzo Bellini, maestro del bel canto

Retrato pintado de Vincenzo Bellini, de medio cuerpo, con levita oscura, apoyado en el respaldo de una silla.

El compositor catanés, autor de Norma y de melodías largas y graciosas, murió a los 33 años tras una carrera breve que marcó la ópera romántica italiana.

El 3 de noviembre de 1801 nació en Catania, Sicilia, Vincenzo Salvatore Carmelo Francesco Bellini. Murió el 23 de septiembre de 1835 en Puteaux, cerca de París, a los 33 años. En ese lapso corto se convirtió en uno de los tres máximos representantes del bel canto de comienzos del siglo XIX, junto con Gioachino Rossini y Gaetano Donizetti. Su nombre quedó unido a las melodías largas y elegantes y a un modo de poner música al texto que parece sencillo, pero que exige mucho de los cantantes.

Bellini fue el mayor de siete hermanos y creció en una familia de músicos. Su abuelo, Vincenzo Tobia, había estudiado en el conservatorio de Nápoles y desde 1767 era organista y maestro en Catania; su padre, Rosario, también era organista. Un documento anónimo conservado en el Museo Civico Belliniano cuenta que a los dieciocho meses cantaba un aria de Valentino Fioravanti, que a los dos años estudiaba teoría y a los tres piano, y que a los seis ya había escrito sus primeras piezas. Su biógrafo Herbert Weinstock considera que parte de esos relatos son mitos, y Stelios Galatopoulos duda de que fuera un niño prodigio: señala que nunca llegó a ser un pianista competente y que, al presentarse en Nápoles con una edad superior a la habitual, lo colocaron en la clase de principiantes.

Página autógrafa de la partitura de Adelson e Salvini.
Página autógrafa de la partitura de Adelson e Salvini, la primera ópera de Bellini. Imagen: Bellini, dominio público, vía Wikimedia Commons

En 1819, con el respaldo del duque de San Martino e Montalbo, intendente de la provincia de Catania, y de su esposa, el municipio le aprobó una pensión de cuatro años. Con ella salió de Catania en julio rumbo al Real Collegio di Musica di San Sebastiano, en Nápoles, donde viviría ocho años. Los alumnos seguían un régimen estricto, de la misa de las 5:15 de la mañana hasta las 10 de la noche. Allí estudió con Giovanni Furno, con Giacomo Tritto, a quien halló anticuado y dogmático, y con Niccolò Zingarelli, el director artístico, que lo trató como a un hijo y le aconsejó que la clave estaba en que su música «cantara». En el colegio conoció a Francesco Florimo, amigo de toda la vida y su primer biógrafo, y conoció también a Donizetti. Cuando vio Semiramide, su primera ópera de Rossini, volvió callado al colegio y comentó a sus compañeros que después de esa obra era inútil intentar nada.

En esos años también se enamoró de Maddalena Fumarolis, a quien daba clases de música. Sus padres les prohibieron verse, y algunos autores piensan que obtener su permiso para casarse pudo impulsarlo a escribir su primera ópera. Esa obra fue Adelson e Salvini, con libreto de Andrea Leone Tottola, encargada como ejercicio del conservatorio. Se estrenó en 1825, entre mediados de enero y mediados de marzo según la fuente en inglés, con un reparto formado solo por condiscípulos, y gustó tanto entre los estudiantes que se repuso todos los domingos durante un año. Domenico Barbaja, responsable del Teatro de San Carlos de Nápoles, se interesó por el joven compositor, y el éxito de Il pirata en La Scala, en 1827, consolidó su carrera.

Monumento funerario a Bellini en la catedral de Catania.
Monumento a Bellini en la catedral de Catania, adonde llegaron sus restos en 1876. Imagen: Berthold Werner, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

Siguieron I Capuleti e i Montecchi (1830, La Fenice), La sonnambula (1831, Teatro Carcano) y Norma (1831, La Scala), su obra más difundida. Su aria «Casta diva» une la gravedad clásica con una expresión muy apasionada, y el papel protagónico es uno de los grandes de la literatura para soprano. En el siglo XX lo cantó de manera memorable Maria Callas, que recuperó su carácter belcantista. Tras una visita a Londres escribió I puritani, estrenada con éxito en 1835 en el Théâtre-Italien de París. Verdi elogió sus melodías amplias, Wagner, poco dado a los cumplidos, admiró cómo integraba música y texto, y Liszt y Chopin también lo apreciaron, aunque Berlioz se mostró menos entusiasta.

La muerte lo sorprendió en Francia, por una infección intestinal que probablemente contrajo a principios de 1830. Fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise, cerca de Chopin y Cherubini, y allí permaneció más de cuarenta años. En 1876 sus restos regresaron a la catedral de Catania, y el féretro fue recibido con emoción en cada etapa del viaje. Al funeral en su ciudad natal asistieron miles de personas, entre ellas dos de sus hermanos todavía vivos. Más allá de la escena, dejó unas 40 obras sacras, ocho sinfonías, siete piezas para piano y un concierto para oboe que ha grabado la Filarmónica de Berlín. Casa Ricordi publicó sus quince canciones de cámara en 1935, al cumplirse el centenario de su muerte.

Para escuchar

  • Norma (1831). Su obra más difundida, con el aria «Casta diva» y uno de los grandes papeles para soprano.
  • Il pirata (1827). El éxito en La Scala que consolidó su carrera.
  • I puritani (1835). Escrita tras su visita a Londres y estrenada con éxito en el Théâtre-Italien.
  • Concierto para oboe en mi bemol mayor. Obra breve de sus años de estudio en Nápoles, grabada por la Filarmónica de Berlín.

Imagen principal: Pietro Luchini, dominio público, vía Wikimedia Commons

Fuentes: Wikipedia en español, Wikipedia en inglés y Wikidata.

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