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Ballet

Ely Gómez, de ocho años, bailarina del Ballet de la Mar, se prepara para Tanzolymp en Berlín

Una niña bailarina con tutú blanco y corona de flores posa con los brazos en alto sobre el escenario.

La joven bailarina, que empezó a formarse antes de cumplir tres años, obtuvo dos primeros lugares y mención oro en Pura Danza Oriente.

Ely Gómez, de ocho años y alumna del Ballet de la Mar, combina sus estudios escolares con una formación de ballet clásico y contemporáneo que comenzó a los dos años y ocho meses. Su preparación incluye también su participación en competencias, entre ellas Pura Danza Oriente.

«Yo en verdad empecé el ballet porque lo quería intentar. Un día mis papás me trajeron, hice mi primera clase y me encantó», recuerda. Su rutina exige organización: asiste al colegio seis u ocho horas, según el día, y va después directamente a la academia. Allí tiene coaching de ballet clásico y contemporáneo, clases grupales y trabajo de técnica clásica. Para cumplir con las tareas escolares, aprovecha cualquier momento disponible.

Una niña bailarina con tutú blanco, corona de flores y alas de tul, con una pierna levantada.
Ely Gómez en escena con el Ballet de la Mar.

Ya recibe clases de puntas para familiarizarse con las zapatillas, aunque todavía no baila coreografías completas sobre ellas. Su próximo reto es una presentación grupal en diciembre, en la que incorporará el trabajo de puntas a una pieza coreográfica. Entre las variaciones que sueña con interpretar menciona Arlequinada, por su ritmo, sus pasos y su técnica, y el Baile de Graduados.

Sobre el escenario, dice sentir nervios, sobre todo en las competencias, pero también disfrutar lo que hace: «Me siento nerviosa, pero también me gusta lo que hago. Es algo muy emocionante». Entre los mayores retos de su preparación señala el equilibrio, la técnica y lograr que el movimiento deje de ser mecánico: «Antes lo hacía como muy rústico», explica.

En Pura Danza Oriente obtuvo dos primeros lugares, mención oro y el reconocimiento a la mayor puntuación, con las piezas Pequeñas Sílfides y Pinceladas. Cuenta que pensó que no ganaría el oro, porque sentía que temblaba en el escenario. También trabajó una propuesta de danza creativa dentro del repertorio clásico, que le exigió soltarse y ganar libertad de expresión.

Entre sus proyectos figura la preparación para asistir al festival internacional Tanzolymp, en Berlín, Alemania. A una niña que quiera empezar en el ballet pero no se atreva, le diría que intente dejar de tener miedo al mundo escénico.

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