Tokio.- El contrabajista Edicson Ruiz se ríe al decir que “desafortunadamente” ya no es el único latinoamericano en la Filarmónica de Berlín, tras el ingreso de un brasileño hace un año: “Lo que me consuela es que él tiene pasaporte italiano, entonces es europeo”, bromea.
De todos modos, el talentoso músico de 28 años sigue siendo el que entró más joven en la Orquesta de Berlín, una de las sinfónicas más importantes del mundo, aunque hace unos meses dejó de ser el menor cuando se incorporó Andreas Ottensamer, de 23 años.
“Entré a los 17 años. La gente piensa que ese récord se rompe fácil. Pero nadie entró antes que yo”, contó Ruiz a la agencia DPA durante una entrevista en Tokio, donde actuó en un par de conciertos con la Sinfónica Juvenil de Caracas.
“Indudablemente Ruiz es uno de los mejores productos del proyecto, porque tiene un talento musical excepcional innato, voluntad de hierro, una sanísima ambición de surgir y superarse, y una capacidad de trabajo extraordinaria, además de un amor por la música realmente ejemplar”, dijo a DPA José Antonio Abreu, fundador del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Otros señalan que Ruiz ya no tiene nada más por lograr: “Eso es plenamente exagerado porque un músico no tiene límites”, afirma el contrabajista.
“Mi sueño más grande es tener salud porque normalmente los músicos nos enfermamos y los músculos se agotan, se deterioran, incluso si uno los entrena y los cuida. Como solistas somos atletas y la vida de un atleta es muy corta”, se lamenta el artista.
“¿Qué ha cambiado en mi vida? Muchísimo. Las personas que me conocen lo saben. No hay nada más constante que el cambio. Sería un error resistirse a lo que la misma naturaleza nos lleva en ese cauce, que es como el río de la vida. Vivimos esa necesidad de regenerarnos, reinventarnos, y lo que más nos gusta es que nos divierta el presente, que es nuestro único regalo”, reflexiona.
Ruiz asegura que hace “solamente lo que le apetece”, en el sentido de no estar en un lugar donde no quiere estar. “Pasa mucha veces que trabajamos en un lugar en el que no queremos. Hay que hacer lo que a uno le gusta para hacerlo con la mejor calidad posible y ahí es donde está el gran déficit de los seres