Prendado desde la infancia de las transgresiones temporales de Marty McFly y Emmett Brown en Volver al futuro, del acercamiento del barón Munchausen a los selenitas, de la exposición del cosmos por Carl Sagan y de la versatilidad aventurera de Tintín, hoy, a los 27, conservo y cultivo la afición morbosa por el incierto ámbito de los universos paralelos.
Como la fascinación por la música me encapsula todos los santos días, hallo imposible separar ambas esferas, y siempre y cuando una composición lo permita, atravieso en el íntimo ejercicio imaginativo las entradas hacia esos universos que, de niño, me aislaron de todo contexto.Tamaña sarta de pendejadas pretende fungir como introducción para asomar lo percibido al escuchar Mutaciones a través del tiempo…, publicación de 2007 de una de esas batutas que emanan prestigio y que, dicho sea de pasada, celebra 30 años sobre los escenarios, Alfredo Rugeles.
Mutaciones a través del tiempo… se basa en una recopilación de la serie Compositores venezolanos contemporáneos de la Colección Armonía, un esfuerzo de la Editorial Equinoccio, de la Universidad Simón Bolívar. Como tal, cobija a seis obras de cámara y orquesta, todas composiciones de Rugeles entre 1974 y 1988.
Tales detalles, que deben corresponderse, no precisan la definición de estas piezas, pues encausarlas resulta una tarea compleja. Y eso es lo más sabroso de este asunto, lo cautivante de ese misterio sonoro emanado de la mente de Rugeles.
Se siente así desde Mutaciones, con su halo de incertidumbre, y se expande con Polución, con sus ambientes que proyectan estados de ánimos, según las palabras del propio director; Puntos y líneas, fluctuante entre lo estático y la movilidad; Somosnueve, elocuentemente instrumental; y Sinfonola, permanentemente armónica. Mención aparte merece El ocaso del héroe, con su recitador emulando al hoy manido Simón Bolívar.
La síntesis de estas Mutaciones es el sondeo de la psiquis y sus trochas para extrapolarlas hacia la música: la complejidad, pues, hecha sonido, es lo que ha logrado Rugeles con estas composiciones.
En 1Q84, Haruki Murakami utiliza a la Sinfonietta, de Leos Janácek, para definir las escenas en las que sus personajes caen en cuenta sobre su permanencia en un mundo trastocado.
Pues se me antoja imaginar los capítulos de este libro con las composiciones de Mutaciones como complemento de las incertidumbres que impregnan el clima orwelliano de Murakami: por ejemplo, Aomame descubriendo dos lunas con Mutaciones o Polución al fondo; o Tengo escarbando su sicología para entender el universo con Somosnueve.
Esa es apenas una de las posibilidades que surgen con las creaciones de Alfredo Rugeles, un hombre que merece ser aplaudido de pie, además, por no encubrir sus convicciones ideológicas para garantizarse un desenvolvimiento en el mundo del arte nacional, condicionado a rajatabla por el narcisismo gubernamental que padecemos. Eso, y sólo eso, es razón para considerarlo digno de respeto. Lo demás, es tácito, lo descubre cada quien mediante la música.