“La Mar”, los “Nocturnos”, las “Estampas”, “Preludio a la siesta de un fauno” son algunas partituras de las más conocidas en la historia de la música. Todas son obra de Claude Debussy, uno de los compositores más influyentes y geniales del siglo XX. Las razones de tal éxito son muchas, pero las más frecuentemente evocadas son quizás la ruptura con las formas de componer que lo precedieron y el logro de una belleza sonora y musical que nadie antes o después ha logrado superar.
Claude Debussy es un hijo legítimo de su tiempo y su patria. Nació el 22 de agosto de 1862 en Saint-Germain-en-Laye, un suburbio de París. Nada lo predestinaba a ser músico. Fue su tía quien vislumbró sus dotes para el piano, que lo condujeron al conservatorio y luego a la composición. Su música convivió con otro movimiento mayor en las artes plásticas, el impresionismo, al punto que su obra también ha sido catalogada música impresionista.Su música revela una calidad nostálgica muy intensa, una atmósfera de timbres y colores que liberó a la música para hacerla convivir con una estética nueva. Nos lo explica el musicólogo Esteban Buch, de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París: “La música de Debussy es mucho más difícil de predecir, cuando uno está en un punto de una obra, qué va a venir es como una enigma, es una estética de la incertidumbre”.
En vida, Claude Debussy fue llamado “Claude de Francia”, lo que indica hasta qué punto su obra estuvo y sigue estando asociada a una imagen de la música francesa. De su lado, para Pierre Boulez, otro compositor fundamental del siglo pasado, Debussy fue el verdadero precursor de la música contemporánea, más que Stravinski, Schönberg o Bartók.