4 de noviembre de 1890: el Mariinski estrena la ópera inconclusa de Borodín

San Petersburgo escuchó por primera vez El príncipe Ígor, una obra que su autor dejó sin terminar y que Rimski-Kórsakov y Glazunov completaron tras su muerte.
El 4 de noviembre de 1890, que en el calendario ruso de entonces correspondía al 23 de octubre, el teatro Mariinski de San Petersburgo presentó por primera vez El príncipe Ígor, ópera en cuatro actos y un prólogo de Aleksandr Borodín. El compositor llevaba más de tres años muerto, de modo que se trató de un estreno póstumo. La partitura había sido corregida y terminada por Nikolái Rimski-Kórsakov y Aleksandr Glazunov. Los decorados fueron de Yánov, Andréyev y Bocharov, y Lev Ivánov estuvo a cargo de la coreografía.
La historia arrancó en 1869, cuando el crítico Vladímir Stásov, asesor del grupo de Los Cinco, propuso a Borodín como tema el Cantar de las huestes de Ígor, poema épico del siglo XII sobre la campaña del príncipe Ígor Sviatoslávich contra las tribus pólovtsy en 1185. Stásov le envió un guion para una ópera en tres actos el 30 de abril de ese año. Borodín lo halló interesante, aunque de proporciones enormes. En septiembre empezó con el arioso de Yaroslavna y la cavatina de Konchákovna, y esbozó las danzas polovtsianas y la marcha de los pólovtsy. Pronto surgieron las dudas, que confió a su esposa en una carta: «Hay tan poco drama aquí, y nada de movimiento... Para mí, la ópera sin drama, en sentido estricto, no es natural».

Siguió una pausa de unos cuatro años, durante los cuales Borodín desvió parte del material hacia otras obras: la Sinfonía n.º 2 en si menor y la ópera-ballet colectiva Mlada. Cuando ese proyecto se abandonó, recuperó para El príncipe Ígor varios números que había escrito para él. En 1874 volvió a la ópera, animado por el éxito de sus colegas Rimski-Kórsakov y Músorgski con La dama de Pskov y Borís Godunov. En esa etapa nacieron dos personajes nuevos, los desertores Skulá y Yeroshka, emparentados con los monjes pícaros de la ópera de Músorgski. Borodín tenía además otras ocupaciones: era químico, con labores de investigación y docencia, y dedicaba mucho tiempo a defender la causa de la mujer, para disgusto de sus compañeros, que querían verlo componer. En 1876 Stásov, desanimado, ofreció su guion a Rimski-Kórsakov, y la obra avanzó a trompicones durante casi 18 años.
Rimski-Kórsakov dejó en sus memorias una anécdota sobre las Danzas polovtsianas. Habían sido anunciadas para un concierto en 1879 y ensayadas con el coro, pero Borodín no entregaba la orquestación. Tras reprocharle la demora, Rimski se ofreció a ayudarlo. Borodín llegó a su casa por la noche con la partitura apenas tocada, y junto con Anatoli Liádov se pusieron a orquestarla a toda prisa, a lápiz para ganar tiempo. Borodín cubría las hojas terminadas con gelatina líquida para fijar el trazo y las colgó como ropa tendida en el estudio de Rimski para que secaran antes.

Borodín murió de manera repentina en 1887. Rimski-Kórsakov y Stásov fueron a su casa, recogieron los manuscritos y los llevaron a la de Rimski. Allí él y Glazunov los clasificaron. Estaban terminados y orquestados, entre otros, el primer coro, la danza de los pólovtsy, el lamento de Yaroslavna, el aria de Konchak y el coro final. Mucho más existía solo como esbozo para piano o como borrador fragmentario, y para los actos II y III no había libreto adecuado. Se repartieron el trabajo: Glazunov completó los vacíos del acto III y escribió la obertura, mientras que Rimski orquestó, terminó y ordenó el resto. Glazunov precisó que la obertura no fue solo un ejercicio de memoria: tomó los temas de los números de la ópera, halló entre los papeles del autor el final en canon del segundo tema y la combinación de dos temas, y compuso él mismo unos compases finales.
El camino a la escena fue lento. Según Rimski, la Dirección de los Teatros Imperiales aplazó la producción durante la temporada 1888-1889 y también la siguiente. Dirigió Konstantín Kuchera, porque Nápravník había declinado hacerlo. Rimski escribió que la ópera fue un éxito, con admiradores fervientes entre los más jóvenes, aunque lamentó los cortes que luego se hicieron en el acto III, que llegó a suprimirse del todo. Después vinieron Moscú en 1892, el Bolshói en 1898, Praga en 1899 y París en 1909, con una producción de Diáguilev en la que Fiódor Chaliapin cantó a Gálitski. Londres la vio en 1914 bajo la dirección de Thomas Beecham, el Metropolitan de Nueva York en 1915, en italiano, y el Liceo de Barcelona en 1922. Aunque se representa poco, las Danzas polovtsianas, divulgadas en Europa occidental por los ballets de Diáguilev, se interpretan por separado en los conciertos. En 2014 el Metropolitan presentó una versión que retiró gran parte de las melodías añadidas por Rimski-Kórsakov y Glazunov, pero conservó sus orquestaciones.
Para escuchar
- El príncipe Ígor (1890). La ópera completa, con el aria del jan Konchak, para bajo, como una de sus piezas más destacadas.
- Danzas polovtsianas. Las danzas corales del campamento pólovtsy, que se tocan con frecuencia fuera de la ópera, en concierto.
- Sinfonía n.º 2 en si menor (1869–1876). Obra en la que Borodín aprovechó material pensado en un principio para la ópera.
Imagen principal: Художник-постановщик Ф. Ф. Федоровский . Фото: Leon Dubilt / Леон Дубильт, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
Fuentes: Wikipedia en español, Wikipedia en inglés y Wikidata.